sábado, 12 de octubre de 2013

EL CALLEJÓN DE LA PUÑALADA


 
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 Al fin me había decidido a recorrerlo, venciendo mis prejuicios y temores. La curiosidad había terminado con ellos. A esa hora de la mañana se mostraba desierto, a excepción de los aleros llenos de palomas y la patrulla al final. Visto de esta manera, parecía un callejón más en la gran ciudad, si no contábamos el olor a rancio y a lascivia desbocada. Sin embargo, yo no ignoraba el ritmo alocado y peligroso que lo sacudía nomás la oscuridad abrir sus fauces.
El callejón quedaba entre el boulevard de Sabana Grande y la Avenida Casanova. Supe de su existencia en una conversación estudiantil. La imaginación estalló cual luces de bengala, y me hizo percibirlo como un antro de matones y bucaneros existenciales que exponían la vida a un precio despreciable. Mis compañeros aseguraban que no era más que un lugar de encuentro de enamorados e intelectuales. Pero, cuando les pedí que me llevaran, dijeron que no era un sitio adecuado para jóvenes como yo. Quizás por eso el callejón se convirtió en un desafío.
No era el primero. El colegio quedaba en el centro de la ciudad. Muchas veces, Elisa y yo comprábamos helados con el dinero del pasaje y regresábamos caminando a nuestras casas. En el trayecto había un túnel que comunicaba la Urbanización El Paraíso con la Avenida Nueva Granada, cerca de donde vivíamos. En sus inicios, el túnel era alumbrado y confiable. Luego, se transformó en una galería siniestra. Sin embargo, yo me desvivía por atravesarlo. “Anda, Elisa, hagámoslo”, “¿Estás loca?, tú no sabes qué alimañas habrá dentro”, “No seas cobarde, chica”.
Fue tanta la insistencia, que un día la convencí. A pesar de mi aparente arrojo, corrimos como dos liebres en persecución. El túnel no era corto y, en la medida que nos adentrábamos, oscurecía más. No sé qué pasaba por la mente de mi amiga, no obstante, continuamos. A mitad del camino pisé algo. Luego escuché una voz: “¡¿No ves por dónde caminas?!” Entonces, sentimos que ese algo se levantaba y nos seguía. Al final, salimos a la luz y los pasos quedaron atrás. Reímos como locas, felices de haber salido ilesas de la travesura. En mi interior resplandecía la excitación  producida por el  riesgo y la victoria.
Era una sensación que quería experimentar de nuevo. Por eso comencé a indagar sobre el callejón. No andaba tan equivocada. Entre la salsa de Charlie Palmieri, Héctor Lavoe e Ismael Rivera, bebidas alcohólicas y drogas, se ofrecía poca seguridad, en una atmósfera sórdida, criminal y tramposa. Si la fama crecía ante mis ojos, también mi atracción. “Si tan sólo pudiera ir una vez… ¡Sólo una vez!” Todo eso recordé mientras caminaba sobre las aceras sucias y gastadas. En la medida en que me acercaba al otro extremo y leía en las luminarias “EL Encuentro”, “Las Tres Cepas”, “Don Sol”…, algo extraño comenzó  a abrumarme, como si todo fuera conocido. “Tal vez en otra vida yo andaba por estos lares-pensé-. ¿Será la causa de mi empeño, un pasado impreso en la memoria del alma?” Sonreí.                       
Llegué al otro extremo. Me invadió la euforia. Pasé a un lado de la patrulla, pero los oficiales me ignoraron. No me importó. Un civil se atravesó en mi camino. Tenía la mirada de una crueldad inadmisible. Me asusté porque podía tomarme como una prostituta trasnochada en busca de clientes. ¿Por qué temer?, allí estaba la policía en defensa de los ciudadanos. Posiblemente, supusieron que yo había tomado el callejón como atajo. Además, el hombre estaba esposado y no podía hacerme daño. Con todo, me atemorizaron sus ojos. Bajé la mirada. Me estremecí. Un cadáver yacía debajo de una sábana. Oí los comentarios: "Otra víctima del Callejón de la Puñalada". No me interesó ver quién era. De inmediato, lo comprendí: el hombre de las esposas me había asesinado.      


   Olga Cortez Barbera    
       

8 comentarios:

  1. "El Callejón de la puñalada", este cuento es más realidad que ficción. Así era por aquellas noches de locura de la década de los 70. Hoy parece que pretendiera estar decente, sin embargo la decencia pudiera estar relacionada con las apariencias de sus mismos negocios. Adentro sigue como siempre...

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  2. me estremecio un poco el final, algo inesperado y me gusta tu prosa

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Me gustaría saber su nombre.

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  3. Excelente final, felicidades.

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